Referencia principal / Brief summary primarily based on:
P. Eric Louw: “Political power, national identity, and language: the case of Afrikaans”. Int’l. J. Soc. Lang. 170 (2004), pp. 43-58.
Sudáfrica es un país donde conviven 11 lenguas distintas, cada una de ellas íntimamente relacionada con un grupo étnico. Una de ellas es el afrikáans: una lengua germánica occidental que derivó de un dialecto neerlandés del S. XVII. En la actualidad, es la tercera lengua del país con unos seis millones de hablantes (el 13% de la población).
En el S.XVII, una colonia holandesa se asentó en la zona occidental de Sudáfrica, en torno a Ciudad del Cabo. A comienzos del S.XVIII se oyeron las primeras voces nacionalistas en las que descendientes de colonos se denominaban a sí mismos afrikáneres. El dialecto neerlandés que hablaba la comunidad evolucionó hasta convertirse en una lengua cercana al holandés enriquecida con léxico proveniente del inglés, el francés, el malayo, el portugués y las lenguas zulúes -lenguas con las que entró en contacto.
Mientras el imperio británico se lanzaba a la carrera por conquistar territorios, los afrikáneres fundaron dos repúblicas independientes dentro de Sudáfrica. Sin embargo, la ambición británica les condujo a la guerra dos veces. Se las conoce como Guerras de los Bóeres. La segunda (1899-1902) se saldó con la extinción de las dos repúblicas afrikáneres, la implantación del inglés como la lengua del comercio, la industria y la administración y con la puesta en marcha de políticas de anglicanización. Se prohibió el afrikáans en las escuelas. Esto supuso un trauma para muchos que temían la asimilación lingüística y cultural. Las élites afrikáneres simplemente tuvieron que construir un discurso nacionalista centrado en el afrikáans como seña de identidad afrikáner y en el miedo a la homogeneización y a la mayoría negra para triunfar en las elecciones de 1948.
A partir del triunfo del Partido Nacionalista (PN), el afrikáans compartió estatus con el inglés. Se creó un servicio bilingüe de radio-televisión nacional -donde tanto el inglés como el afrikáans tenían el mismo peso dentro de la programación-, la Academia sudafricana de la lengua, literatura y arte -que permitió el desarrollo de diccionarios, gramáticas y terminología científica, técnica y legal en afrikáans-, una potente industria editorial afrikáans, y además el estado subvencionó proyectos culturales en esta última lengua. También fue posible el acceso a una educación bilingüe afrikáans-inglés y se enseñó afrikáans a otros grupos étnicos, entre ellos los mestizos. Paralelo al patrocinio del afrikáans, se intentó la construcción del ideal nacionalista de estado afrikáner: una nación “euro-africana” independiente, dominada por afrikáneres, donde cada grupo étnico poseería su propio espacio. Este sistema de segregación racial pasó a llamarse apartheid.
El apartheid no finalizó hasta 1990: año en el que Sudáfrica consiguió la independencia de Reino Unido. La liberación de Nelson Mandela ahondó en el cambio. En 1994, el PN perdió el poder. En su lugar se alzó el africanista ANC (Congreso Nacional Africano) de Mandela, que desmanteló el proyecto nacionalista afrikáner de construcción de identidad-estado ligado al sistema de segregación racial. En la era post-apartheid, se tiende al afrocentrismo. Hay un fuerte resentimiento contra los blancos por parte de la comunidad negra. Una antipatía por las formas y prácticas culturales euro-céntricas. Se asocia el afrikáans con “la lengua del opresor”, así que se procede a implementar políticas de anglicanización, a reducir drásticamente la presencia del afrikáans en los medios de comunicación, al desmantelamiento del sistema educativo afrikáner -por mencionar las más relevantes-, y el estado apoya la cultura urbana anglófila de Gauteng, afín al ANC. De esta manera, el inglés, además de utilizarse ahora en los negocios, la industria y la burocracia, se establece como lengua franca en Sudáfrica. Al mismo tiempo, se registra un abandono progresivo del afrikáans por parte de los hablantes nativos. En ellos se observa un sentimiento de vergüenza, de inseguridad, de encontrarse en desventaja política y una crisis o dislocación de identidad.
El recorrido del afrikáans a lo largo del S.XX es el claro ejemplo de la conexión existente entre la prosperidad de una lengua y el poder político:
“Cualquier lengua asociada a un proyecto de construcción nacional y a un poder estatal prosperará; porque una lengua se beneficia del patrocinio político.” (Louw, 2004)
Según Louw (1994), sólo queda preguntarse si la comunidad imaginaria afrikáner será asimilada por la común sudafricana proyectada por el ANC o si mutará para ajustarse a las nuevas presiones contextuales.
***ENLACES:
- Pulse aquí para acceder a información más detallada sobre el afrikáans.
- La conciencia étnica afrikáner.
- Sobre el apartheid. ***


